lunes, 23 de abril de 2018

Learn to Fly (Foo Fighters, 1999)

Dave Grohl no necesitaba que mil músicos italianos interpretaran en vivo su clásico Learn to Fly para hacerse famoso, pero sin dudas la idea más loca de Fabio Zaffagnini le vino de maravillas: casi 26 millones de internautas han visto el espectacular tributo a este himno de los Foo Fighters en tres meses.
   Durante un año, Zaffagnini organizó el evento Rockin 1000 para invitar a Grohl y compañía a dar un concierto en Cesena, Italia, y el resultado fue algo contundente, una sinfonía tan sincronizada, alegre y apasionada, que acabó conmoviendo al mismísimo Dave. Funcionó, de hecho…
   En otro video, que también se volvió viral, Grohl agradeció el gesto y dijo que pronto se presentarían en Cesena ante unos seguidores que, como pide la canción de marras, indudablemente han aprendido a volar…

   “Italia no es un lugar donde los sueños se hacen realidad fácilmente, pero es una tierra de pasión y creatividad”, señaló Zaffagnini, que logró emocionar a un músico que, en teoría, estaba curado de
espanto.

   Recordemos que Grohl fue el batería de Nirvana… ¿Qué no habrá visto? Pero sin dudad Learn to Fly era el tema ideal para acometer esta aventura, ya sea porque no es muy complejo de interpretar,
porque fue el primer gran éxito de Foo Fighters, o porque invita a buscar inspiración en la vida…

   “La canción va sobre la búsqueda de cualquier señal que te haga sentir vivo, pero es una de las canciones que menos me gustan de ese disco”, ha confesado Grohl. No sé por qué, pero muchos
artistas suelen decir eso de sus creaciones más populares. Y la verdad, Dave, no deberías quejarte de esta…
   De hecho, el primer single del álbum There Is Nothing Left to Lose, lanzado en 1999, llevó a los Foo Fighters al puesto 19 del Billboard Hot 100, y además encabezó ese año las listas de rock moderno en Estados Unidos.
   Ayudó mucho el peculiar video dirigido por Jesse Peretz, una parodia de la comedia Airplane, conocida en Cuba como ¿Dónde está el piloto?. En el mismo, Grohl y sus compañeros de banda Nate Mendel y Taylor Hawkins asumen varios personajes en un hilarante caos aéreo, que le valió al grupo el primero de sus 10 premios Grammy, al Mejor Video Musical.
   De entonces acá, los Foo Fighters –que significa cazadores de OVNI- son quizás la banda de rock más sólida y exitosa del siglo XXI, capaz de gustarle lo mismo a la crítica más ácida que al pichón de friki. Cada vez que sacan un disco se llevan el Grammy a Mejor Álbum de Rock, y se prestan para causas sociales y aventuras musicales con igual pasión.
   Han demostrado, además, que el rock contemporáneo todavía tiene cosas que decir, aunque a ratos parezca que todo es un mal remedo del pasado, que nada hay nuevo bajo el sol del rock ‘n roll, que solo lo viejo es clásico… La vida es siempre más rica. Y la buena música también.

sábado, 14 de abril de 2018

Aquarius/Let the Sunshine In (5th Dimension, 1969)


Despierto con la triste noticia de que murió Milos Forman, no porque fuera familia mía, si no porque le debemos una película que nos marcó muchos: Hair. Como solo nos queda el arte, les cuento la historia del “medley” que identifica aquella psicodélica ópera rock. Hablamos de Aquarius/Let the Sunshine In, fusión que captó el alma de una época marcada por sueños de paz, amor y libertad…
Ingenua y hermosa, como toda utopía, la filosofía hippie que destila este himno de los 5th Dimension nos pinta el amanecer de la Era de Acuario, que reemplazaría el virulento reinado de Piscis, justo cuando la luna entre en la séptima casa y Jupiter se alinee con Marte. Aquellos soñadores que hacían el amor y no la guerra en la década de 1960, creían firmemente que esos años de contracultura eran los elegidos, aunque los astrólogos fijaron la regencia acuariana entre los años 2062 y 2680.
A la poesía, sabido es, nunca le han importado demasiado las verdades frías, si no las esencias. Por eso los seguidores del “flower power” adoptaron como un himno este clásico escrito para el filme de Forman por James Rado y Gerome Ragni, y musicalizado por Galt MacDermont.
Desde su lanzamiento como sencillo en 1969, la canción escaló la cima de las carteleras, manteniéndose seis semanas en lo alto de la Billboard. Al año siguiente ganó el Grammy a Mejor Grabación y Mejor Interpretación Vocal para un Grupo de Pop, justo reconocimiento a quienes fueron considerados como la versión afrioamericana de los Mamas & The Papas.
¿Cómo llegaron los 5th Dimension a Hair? A través del productior Bones Howe, quien hizo de ingeniero en su álbum debut (Up-Up and Away, 1967) y tras el legendario Festival de Monterrey le pidieron expresamente encargarse de Aquarius. Fue idea de Howe agregarle el Let the Sunshine In, con un arreglo vocal que le exigió virtuosismo al quinteto integrado por Billy Davis, Florence LaRue, Marilyn McCoo, Lamonte McLemore y Ronald Townson, quienes por entonces trabajaban en Las Vegas con Frank Sinatra.  
Cuentan que esa canción era radiada en Cuba con cierta frecuencia en el programa Nocturno, de Radio Progreso, y en la desaparecida emisora Liberación. Quizás por su mensaje pacifista, quizás por su melodiosidad. A su vez, los combos de entonces no se atrevían a montarla, porque era una canción de fuerte impronta coral y arreglos complicados. Aún así, varios lectores confirman que, al igual que San Francisco o California Dreamin’, Aquarius/Let the Sunshine In era uno de los temas insignias para aquellos hippies cubanos.  
De vuelta en la escena internacional, desde su misma irrupción la canción caló profundamente en la cultura popular. Voces consagradas como Donna Summer o Diana Ross se apresuraron en versionarla; el gran científico Carl Sagan la incluyó en un episodio de su serie Cosmos; y la nacionalista hinchada de Argentina adoptó el coro “let the sunshine” como cántico para apoyar a su adorada selección albiceleste de fútbol.
Salvo por el frenesí final, esta es una canción que transmite mucha paz, y nos transporta a un pasado de inocencia y candor, o tal vez a un futuro en que las utopías puedan dejar de serlo, para convertirse en realidad. Tal vez en la Era de Acuario…

jueves, 12 de abril de 2018

Los Músicos de Bremen (Soyuzmultfilm, 1969)

Mi hijo, no contento con alegrarme la existencia día a día, encontró otra manera de hacerme uno de los tipos más felices del mundo, pues de la sarta de animados musicales que ha visto en sus cuatro años de vida, siempre vuelve a un viejo clásico de los muñequitos rusos: Los Músicos de Bremen.
Comprendo que el instinto inicial de algún lector sea pensar “¡Qué clase de abusador es el Charly este!”, pero lo perdono. En un final, alguna que otra vez todos despotricamos de aquellos muñequitos de palo, más por fastidio que porque se lo merecieran, pues el tiempo demostró que eran clásicos.
Fíjense si lo eran, que las generaciones de cubanos que crecimos con ellos los recordamos con nostalgia. Teníamos poco, nuestro universo era ínfimo, y sin embargo tuvimos una feliz infancia de mataperreo, lecturas y poca televisión. Sí, niños de ahora y millenials, fuimos felices sin videojuegos y descalzos…
Quizás porque valoro mi educación sentimental me reconforta tanto ver a mi niño salir del letargo en que lo sumen la Vaca Lola y otros engendros, para aplaudir entusiasmado las canciones de la despreocupada “trouppé” integrada por un perro, un gato, un gallo, un trovador y un burro que remataba cada verso con un inolvidable “Yé, yé, yé, yé, yé”.
Este quinteto, más parecido a una banda de rock que a un circo ambulante, vaga de pueblo en pueblo hasta que llegan al Palacio Real, donde el Trovador y la Princesa –cosa rara- se enamoran. El Rey expulsa a los músicos, y tras una serie de escaramuzas, el predecible final feliz: la Princesa se escapa de su jaula dorada y sale a vivir la libertad con su amado y sus compadres.
Inspirada en un cuento de los Hermanos Grimm, esta joyita musical salió en 1969 de los estudios Soyuzmultfilm con el título Бременские музыканты (Bremenskiye muzykanty). Tuvo claras influencias del rock n’ roll y los aires contraculturales que batían en Occidente, desde los jeans acampanados del Trovador, hasta la minifalda rebelde de la Princesa, pasando por las greñas hippies del Burro, o las gafas intelectuales del Gallo.
Dirigido por Inessa Kovalevskaya, este musical animado fue escrito por Yuri Entin y Vasily Livanov, con música de Gennady Gladkov. Casi todas las voces corrieron a cargo del artista emérito Oleg Anofriyev, con la excepción del Burro (Anatoli Gorokhov) y la Princesa (Elmira Zherzdeva).
La animación no es particularmente sofisticada, ni tiene que serlo, porque lo que importa es la historia, y más aún, la banda sonora. Aún sin saber ni jota de ruso, uno podía figurarse la trama y disfrutarla. Es más, nos inventábamos la letra de aquellas canciones que transitaban por varios géneros, y algunas eran una gozada, como la polka de los forajidos, ideal para curdas íntimas…
Este filme pronto adquirió status de culto en el campo socialista, y el disco fue un éxito. Es que la Unión Soviética también tuvo sus estrellas del género, como Sofiya Rotaru, o Larisa Dolina y Alla Pugachova, artista cuya carrera se ha mantenido y ha vendido más de 250 millones de álbumes.
En 1973, Soyuzmultfilm estrenó Tras las huellas de los músicos de Bremen, una secuela dirigida por Vasíliy Ivánov, que en Cuba nunca pusieron, tal vez para bien, porque es un remedo infame de su predecesor.
Por lo pronto, yo gozo cuando mi hijo disfruta de los Músicos de Bremen, pues lo hace con la genuina alegría de su inocencia infantil. No como yo, que a estas alturas me pregunto por qué la jefa de los bandoleros vestía y hablaba como un hombre, pero sobre todo… ¿cuál era la obsesión del Rey con los huevos?