lunes, 28 de marzo de 2016

Los otros Rolling Stones


 
“Se murió uno de los Rolling Stones”, dijo alarmada mi suegra, consciente de mis filiaciones musicales. Así lo leyó en el panegírico escrito por mi viejo secuaz Michel Hernández, quien no se equivocó al despedir al saxofonista Bobby Keys como un indiscutible integrante de sus Satánicas Majestades. 
Keys falleció la pasada semana, a pocos días de cumplir 71 años de edad, víctima de una dolencia hepática. Los Stones hicieron público su dolor, en especial el guitarrista Keith Richard, quien se sentía particularmente unido a Bobby, entre otras razones porque nacieron el mismo día.
El deceso de este virtuoso que también colaboró con Lynyrd Skynyrd, Eric Clapton y The Who, nos recuerda que los Rolling Stones son, parafraseando el nombre de una de sus famosas giras, una banda mucho más grande que sus celebérrimos Richard, Mick Jagger, Ronnie Wood y Charlie Watts.
De hecho, hay otras figuras imprescindibles en esta formación británica, y así como George Martin se ganó ser llamado “el quinto Beatle”, una docena de músicos dejó su impronta en los Rolling Stones, y merecen ser reconocidos como tal. De esos que fueron y ya no son, o que aún secundan a estos vejetes irreverentes en sus correrías, hablaremos hoy…
-Brian Jones (1942 –1969) fue el fundador y líder original de la banda, que también le debe su nombre a este multi-instrumentista, inspirado por una canción de Muddy Waters. Su adicción a la droga lo acabó, y pronto Jagger y Richard lo desplazaron y eventualmente expulsaron de la banda. Por si fuera poco, Richard le quitó a su novia, la problemática Anita Pallenberg. Al mes, fue encontrado ahogado en su piscina.
-Ian Stewart (1938-1985) también fue miembro fundador, pero en 1963 el manager Andrew Loog Oldham lo sacó de escena porque no encajaba con la imagen de los Rolling que quería vender: jóvenes flacos y bonitos. Aceptó quedarse como productor de giras y pianista para las grabaciones de estudio, papel que desempeñó con humildad y entrega hasta su muerte.
-Bill Wyman (1936) fue fundador y bajista oficial de los Stones hasta 1993, cuando abandonó la banda para dedicarse a otros proyectos. La muerte de Jones le afectó grandemente, pues eran muy unidos. Desde niño escribía un diario, y sus manuscritos han sido material para siete libros y para conocer más sobre las interioridades de la banda. Es un entusiasta de la fotografía y la arqueología, y patentó su propio detector de metales para buscar reliquias.
-Mick Taylor (1949) fue, para muchos adeptos, el mejor guitarrista que han tenido los Stones. Debutó en 1969, en un concierto tributo a Jones ante 250 mil personas en el londinense Hyde Park, y se mantuvo hasta 1974, cuando renunció, irritado por la informalidad y la drogadicción de Richard.
-Ian McLagan (1945) fue tecladista en The Faces, banda donde cantaba Rod Stewart y Ronnie Wood tocaba la guitarra. En 1975 comenzó a colaborar con los Rolling como músico de sesión en estudio y en giras.
-Nicky Hopkins (1944-1994) fue activo colaborador en la discografía de los Stones entre 1967 y 1981, el pianista habitual para las baladas al estilo de She’s a Rainbow, aunque se encargó del frenético solo en Symphaty for the Devil. También trabajó con la banda The Kinks y con Jerry García.
-Chuck Leavell (1952) es un prolífico músico de sesión, salido de la Allman Brothers Band y que trabaja asiduamente desde 1978 con los Stones: ya lleva 12 discos con ellos y es un puntal en sus épicas giras. Es el director musical de facto de la banda, ha puesto el piano en proyectos individuales de los miembros del grupo y afirma que su trabajo es “mantener felices a Mick, Keith, Charlie y Ronnie”.
-Darryl Jones (1961), más conocido como Munch, ha sido el bajista oficial de la agrupación desde que Wyman salió. Oriundo de Chicago, meca del blues eléctrico, Jones es un músico asalariado y de perfil bajo, aunque ha tocado con leyendas como Miles Davis, Sting, Peter Gabriel y Bob Dylan.
-Bernard Fowler (1959), Blondie Chaplin (1951) y Lisa Fischer (1958) integran el coro habitual de los Stones en sus giras. Fowler lleva un cuarto de siglo trabajando con ellos, desde que secundó a Jagger en su primer álbum en solitario; Blondie fue guitarrista y cantante de los célebres Beach Boys en los años 1970 y Lisa llegó a ganar un Grammy a mejor interpretación femenina de R&B en 1992 gracias a How Can I Ease the Pain. Sus duetos con Jagger son todo un pulseo a ver quién tiene más voz, carácter y sensualidad.
Esos son, señoras y señores, los otros Rolling Stones...
- Para el Olé Tour, que los aterrizó en Cuba, en los coros estuvieron Fowler, que vino en 2015 con los Dead Daisies, y Sasha Allen, quien suplió con creces la ausencia de Lisa, encarando sin miramientos a Mick en un inolvidable Gimme Shelter...

sábado, 26 de marzo de 2016

(I Can't Get No) Satisfaction (Rolling Stones, 1965)


 
Silvio o Pablito, el Barza o el Madrid, Sabina o Arjona… He vivido bajo la constante presión de definirme, aunque ningún emplazamiento es tan risible como pedirme tomar partido entre los Beatles o los Rolling Stones. A mí, que he criado a mi hijo oyendo canciones de sus Satánicas Majestades…
Sería tonto negar la grandeza de los chicos de Liverpool, y no lo haré yo, que a fuerza de inyectarme “beatlemanía” en vena me hice adicto. Pero uno no escoge sus pasiones, y yo soy incondicional  de estos vejetes inconformes que en 1965 proclamaron su eterna insatisfacción, y todavía dan guerra…
Sin dudas el lanzamiento hace medio siglo del single “(I Can't Get No) Satisfaction” hizo que los Rolling dejaran de ser apenas un grupito más para convertirse en la superbanda llamada a estremecer los cimientos del rock.
“Tenía un título pegadizo, un riff contagioso, un gran sonido de guitarra, y captura el espíritu de alienación que imperaba entonces”, relató su autor, el inmortal Mick Jagger, que escribió la letra a partir de unos acordes que se le ocurrieron a Keith Richards mientras dormía, en un hotel de la Florida.
El muy canalla se despertó en la noche, grabó los emblemáticos acordes en un cassete y luego volvió a la cama, dejando una cinta con “dos minutos de Satisfaction y 40 de mis ronquidos”,como solía decir. Newsweek fue más contundente al calificarlo como “cinco notas que estremecieron al mundo”, aunque en realidad fueron tres...
Tras hacer una versión inicial en Chicago, el sencillo fue grabado en los estudios RCA de Hollywood en mayo de 1965, y contó con la producción del mánager Andrew Loog Oldham. Mick cantó, Keith tocó la guitarra eléctrica, el malogrado Brian Jones hizo la acústica, al bajo estuvo el olvidado Bill Wyman y en la batería el parsimonioso Charlie Watts, en tanto el músico de sesión Jack Nitzsche tocó el piano y la pandereta.
En junio fue lanzado en Estados Unidos, y en julio salió en el disco Out of Our Heads, con el cual alcanzaron su primer número uno en la codiciada lista Billboard. La letra da voz a los tormentos y frustraciones de un adolescente en los intensos años 1960. Refleja las esperanzas y decepciones de una generación que se debate entre el cinismo y la utopía, con soterrados dardos al “stablishment” que lo convirtieron en un himno de la contracultura. Más claro, ni el agua: no consigo satisfacción, y mira que lo intento…
De entrada, Richards no quería que la lanzaran como single pues creía que la melodía se parecía demasiado a la canción “Dancing in the Street”, de Martha & The Vandellas. Además, el que sería el mejor riff en la historia del rock le parecía algo tonto. Pero a Jagger le pareció ideal para su alegato contra el brutal comercialismo que vivieron los Stones en Estados Unidos.
Considerada la mejor canción en la historia del rock, en 2006 fue anexada al Registro Nacional de Grabaciones de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos por su significación cultural e histórica. Leyendas del soul como Ottis Redding y Aretha Franklin la versionaron, Francis Ford Coppola la incluyó en la banda sonora de su monumental Apocalypse Now, y a pesar de ser una incorrección gramatical, la frase “I can't get no satisfaction” es vociferada por medio mundo. Y quizás muchos no conozcan otro verso de los Rolling Stones, pero eso nunca ha impedido que tras oirlos saltemos hasta quedar, más que satisfechos, en total éxtasis…